Un nuevo episodio del espacio radiofónico Relatos en la onda, conducido por Isabel Montero junto a Lola Mateo y Mariano Guerrero en Onda 92 Radio, ha acercado a los oyentes la apasionante y turbulenta biografía de Julie d’Aubigny. Conocida para la posteridad como Madame Maupin —apellido de su primer marido—, esta mujer del siglo XVII destacó por su libertad absoluta, rompiendo todos los moldes de la época.
Una educación excepcional y una vida sin ataduras
Nacida entre 1670 y 1673, Julie se quedó huérfana de madre a una edad muy temprana. Su padre, Gastón de Viñey, secretario del conde de Armañac (escudero de Francia), se trasladó a vivir con ella a Versalles. Este entorno le permitió acceder a una educación poco común para las mujeres de su tiempo, formándose en literatura, arte, música, equitación y, de manera sobresaliente, en esgrima, convirtiéndose en una espadachina espectacular. Desde muy joven, Julie adoptó la costumbre de vestirse de hombre, una indumentaria que utilizaba por diversión y por la libertad que le otorgaba, aunque nunca ocultó su condición femenina.
A los 14 años ya mantenía una vida sexual activa, incluyendo un romance con el propio conde de Armañac, quien le doblaba la edad. Para mantener las apariencias, el conde organizó su matrimonio con un noble de menor rango, enviando rápidamente al marido a trabajar al sur de Francia mientras Julie permanecía en Versalles. El programa destacó la bisexualidad de d’Aubigny en una época en la que debía mantenerse oculta, aunque en la corte de Luis XIV existía cierta tolerancia debido a que uno de los hermanos del rey también se travestía.
Escándalos, duelos y talento sobre el escenario
Definida como una mujer libre, provocadora, inteligente y pendenciera, d’Aubigny frecuentaba tabernas y no rehuía las peleas. Uno de sus episodios más célebres ocurrió en un baile donde acudió vestida de hombre. Tras flirtear y besar a una joven pretendida por tres caballeros, estos, enfurecidos, la retaron a un duelo en los jardines; Julie los venció a los tres y se vio obligada a huir temporalmente a Bélgica. Cuando derrotaba a sus contrincantes masculinos, tenía la costumbre de enseñar el pecho para demostrarles con orgullo que habían sido vencidos por una mujer. En otra ocasión, tras herir en el hombro a un hombre importante en un duelo, se apiadó de él, convirtiéndose primero en su amante y, posteriormente, en amigos para toda la vida.
Además de su faceta aventurera, poseía una memoria prodigiosa y una voz de contralto excepcional. Triunfó en las óperas de Versalles y París, donde estrenó más de 25 papeles protagonistas. Su talento inspiró al compositor André Campra a escribir un papel especial para ella en la obra Tancredo, abriendo las puertas a personajes de mujeres fuertes y guerreras en el ámbito operístico. Incluso protagonizó una fuga de un convento para estar con una joven de la que se había enamorado, llegando a simular el fallecimiento de su amante utilizando el cadáver de una monja fallecida para quemar la habitación y escapar.
El trágico final del mito
A pesar de vivir rodeada de conquistas, los colaboradores del programa señalaron que el gran amor de su vida fue la marquesa de Flogensac, una bella y rica aristócrata con la que vivió una intensa relación pública durante un par de años. La prematura muerte de la marquesa sumió a Julie en una profunda depresión, lo que la llevó a abandonar la ópera y a retirarse definitivamente a un monasterio, donde falleció a la temprana edad de 33 años.
Su fascinante e incómoda biografía fue rescatada y novelada en el siglo XIX por el escritor Théophile Gautier en su obra Mademoiselle de Maupin, y su figura ha sido reivindicada en la actualidad por los movimientos LGTBIQ+.
Identidad y tradiciones
Hacia el cierre del espacio, las locutoras reflexionaron sobre la pérdida de identidad de las mujeres francesas al casarse, quienes históricamente adoptaban (y siguen adoptando en la actualidad) el apellido de sus esposos, pasando a ser «Madame de». Isabel Montero contrastó esta costumbre con la tradición española, donde las mujeres siempre han conservado su propia identidad y apellidos tras el matrimonio, valorando este hecho como un aspecto avanzado de la cultura propia.
Este artículo ha sido generado con la asistencia de una herramienta de Inteligencia Artificial utilizando la información proporcionada en el programa.

