Amor, cartas y censura: La intrahistoria de las madrinas de guerra que mantuvieron la moral en el combate

«Relatos en la onda», conducido por Isabel Montero, ha echado el cierre a su temporada actual antes de las vacaciones de verano con un emotivo e interesante repaso histórico. En esta última entrega, el programa ha querido poner en valor la figura de las madrinas de guerra, mujeres cuyo apoyo psicológico y material fue una ventana de aire fresco y motivación para miles de soldados atrapados en la crueldad del frente.

El origen: Del norte de África a la Guerra Civil

Aunque el concepto cobró especial fuerza durante la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil Española, Isabel Montero recordó que las primeras referencias en nuestro país se remontan a la Guerra del Rif.

  • En sus inicios, estas madrinas pertenecían a la élite social del territorio colonial en el norte de África, activo entre 1912 y 1956.
  • Su labor principal consistía en ofrecer amparo moral a los jóvenes reclutas que realizaban allí el servicio militar y que carecían de familia.

Ya en el contexto de la Guerra Civil Española, esta práctica se extendió a ambos bandos. Sin embargo, tal y como se apuntó en el programa, los testimonios que nos han llegado del bando republicano son notablemente menores debido a que la posterior represión obligó a destruir las cartas. Por el contrario, las misivas del bando nacional —cuyo perfil solía ser el de mujeres solteras y religiosas— se conservaron en mucha mayor cantidad.

El «Amazon» de la época

Lejos de limitarse al envío de correspondencia, la labor de estas mujeres fue calificada en el programa como el auténtico «Amazon de la época». De forma totalmente gratuita y costeando ellas mismas los portes, enviaban a los soldados paquetes que incluían:

  • Ropa de abrigo, principalmente calcetines tejidos por ellas mismas.
  • Alimentos.
  • Tabaco y papel de fumar, elementos altamente cotizados que funcionaban casi como moneda de cambio en el frente.

Para establecer un vínculo más estrecho, se publicaban anuncios en prensa escrita buscando emparejar a los soldados con madrinas de su misma región de origen, lo que les permitía hablar de costumbres, comida de su tierra y aislarse temporalmente del drama bélico. Los soldados accedían a estas madrinas frecuentemente mediante recomendaciones, «enchufes» o peticiones directas de las propias mujeres a los mandos militares.

El peligro de la palabra: Toda esta correspondencia sufría una férrea censura militar. Las cartas eran revisadas y a menudo retocadas o destruidas para evitar que se filtrase información valiosa que pudiera caer en manos del enemigo.

Historias de amor que vencieron al frente

El programa también dejó espacio para la narrativa romántica que surgió de estos intercambios. Montero relató la apasionante historia real de Peter, un guerrillero republicano, y Mary, una falangista emparentada con José Antonio Primo de Rivera. A pesar de los riesgos ideológicos y de que Peter terminó encarcelado en la prisión de Alcalá de Henares tras la guerra, continuaron escribiéndose en la más absoluta clandestinidad. Contra todo pronóstico, tras salir de prisión lograron casarse y formar una familia.

Antes de despedirse hasta septiembre, el espacio radiofónico recomendó la novela La madrina de guerra, de José Antonio Lucero, un fiel homenaje a estas mujeres que «tomaron la palabra como fusil». Asimismo, se trazó un paralelismo moderno recordando la mítica actuación de Marta Sánchez en las Navidades de 1990, quien a bordo de la fragata Numancia en el Golfo Pérsico interpretó su éxito «Soldados del amor» para levantar la moral de las tropas españolas allí destacadas.

Este artículo y la imagen han sido generados con la asistencia de una herramienta de Inteligencia Artificial utilizando la información proporcionada en el programa.

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