El divulgador y presentador repasó en «El contador de historias» la procedencia ganadera, histórica y mitológica de modismos cotidianos como «pelillos a la mar» o «cabeza de turco».
Un viernes más, las ondas de Onda 92 Radio se vistieron de historia y divulgación en el popular espacio «El contador de historias», conducido por Fernando Abad. En esta última entrega el programa abordó cómo el lenguaje cotidiano y las frases hechas guardan tras de sí insólitas narraciones procedentes de la antigüedad, el mundo ganadero o los mitos griegos.
Acompañado por el habitual tono desenfadado de la mesa del programa, Abad ha comenzado explicando el origen ganadero de la palabra «pécora». Según expuso, tradicionalmente se denominaba pécora a la oveja o al carnero. Debido a la práctica de castrar a la mayoría de los machos para ablandar su carne y engordarlos, quedaban pocos sementales para cubrir al rebaño. Aquellas ovejas que, insatisfechas, buscaban fuera de la fila a los machos castrados para aparearse terminaron por recibir el calificativo de «malas pécoras», expresión que se consolidó en el idioma para describir el engaño y la astucia.
De los rituales hebreos a Homero
El recorrido etimológico ha continuado con la emblemática figura del «chivo expiatorio». Abad ha recordado que, en las antiguas liturgias de expiación de los pecados, el pueblo israelí enfrentaba a dos machos cabríos. El ejemplar perdedor era cargado simbólicamente con las culpas colectivas de la comunidad y sacrificado, dando nacimiento al popular concepto que hoy designa a quien paga las culpas ajenas. Asimismo, la sección ha vinculado esta figura a la del «cabeza de turco», rememorando las batallas navales contra los turcos en las que las cabezas cercenadas se exhibían en las proas para achacarles la responsabilidad de los infortunios del mar.
En el bloque final, el divulgador ha transportado a los oyentes hasta la célebre Iliada de Homero para argumentar el nacimiento del dicho «pelillos a la mar». Tras los pactos de tregua entre troyanos y griegos para honrar a sus muertos y cenar juntos, se procedía al sacrificio de corderos. Al trasquilar a los animales, los soldados arrojaban los vellos al mar desde los acantilados como símbolo de reconciliación y borrón y cuenta nueva.
Antes de despedir el espacio, Fernando Abad dejó entrever una pincelada sobre la procedencia de palabras como capicúa (del catalán cap i cua, «cabeza y cola») y adelantó que la próxima entrega del programa estará dedicada a la amplísima huella de términos e influencias que el idioma árabe dejó en el habla cotidiana.
Este artículo ha sido generado con la asistencia de una herramienta de Inteligencia Artificial utilizando la información proporcionada en el programa.

