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El programa «Somos importantes» ha rendido homenaje a una figura emblemática de Las Torres de Cotillas: María del Pilar Ponce Barquero. A sus 82 años, esta modista de vocación ha compartido un emotivo repaso por su trayectoria personal y profesional, dejando constancia de su vitalidad y de la huella que ha dejado en el municipio.
Mª del Pilar ha recordado con especial cariño su niñez en la calle Mayor, una etapa que ha definido como «muy feliz», marcada por los juegos y las meriendas de domingo con sus amigas en el local de Joaquínito. Según ha relatado, el amor llegó a su vida de la mano de Paco, un joven futbolista que tuvo que emigrar a Alemania por trabajo.
Tras años de correspondencia y una boda celebrada a los 29 años, la modista se trasladó al país germano, donde residió durante tres años. De aquella etapa ha destacado una curiosa anécdota: ella ha sido una de las pioneras en traer la Nocilla a Las Torres de Cotillas, un producto que en aquella época no se comercializaba en España y que sus familiares le pedían con entusiasmo.
A su regreso a España, Mª del Pilar consolidó su carrera como modista, un oficio que ha desempeñado durante toda su vida tras aprenderlo en casa de María Aguilar. Ha confesado que su verdadera pasión han sido los trajes de novia y de fiesta, llegando a pasar noches enteras sin dormir para finalizar encargos espectaculares.
Incluso ha recordado con orgullo cómo un vestido de seda natural que confeccionó para su hermana permaneció expuesto durante más de un año en el escaparate de un conocido fotógrafo de Murcia. Sin embargo, no todo han sido celebraciones; también ha tenido que enfrentarse a encargos menos gratos, como la confección de mortajas, una tarea que ha realizado por compromiso vecinal a pesar de no ser de su agrado.
La vida de María del Pilar también ha estado marcada por la superación. Ha recordado con gratitud cómo ha superado un grave problema de salud en 2013 que la ha mantuvo ingresada durante cinco meses. Su vitalidad actual es tal que incluso ha llegado a confeccionar un vestido para su doctora sin tomarle medidas, basándose únicamente en su experimentado ojo clínico.
En la actualidad, ha afirmado sentirse plena y activa:
Aunque ha confesado que le hubiera gustado ser maestra, se ha mostrado orgullosa de que su hija y su nieta hayan seguido el camino del magisterio. María del Pilar ha concluido su intervención reafirmando el amor por sus nietos y su deseo de seguir disfrutando de la vida, demostrando que las arrugas no son más que el reflejo de una experiencia envidiable.
La entrevista ha concluido con un mensaje de esperanza, resaltando que, aunque el mundo sufra, existen muchas personas decididas a mejorarlo a través de la solidaridad directa y real.

