Misterios Desvelados: La Reencarnación XXII

13/07/2015

Paso a paso el ser humano, conforme avanza por la vida, va descubriendo todo aquello que de alguna forma interviene en la construcción de su propio destino.

Sobre todo el conocimiento espiritual, por el que despertar y poner de relieve cuantos ricos elementos anidan en su interior, haciendo desperezar a su espíritu del letargo de siglos de ignorancia para afinarle a las Leyes del Creador, cuya tutela, sin duda, le ha de proporcionar la esperanza y la seguridad de conducirse correctamente, dentro de lo establecido, hasta que llegue el día de volver a dejar su cuerpo y sonría feliz, por haber alcanzado un peldaño más en su siempre constante evolución. Un progreso que se continúa también como habitantes de los mundos espirituales en las regiones de la luz.

La reencarnación, además de formar parte de la creencia y enseñanza que impartían los esenios, como ya vimos, era aceptada en otros grupos contemporáneos, quizá menos conocidos y numerosos, como los jainas, de los que se tiene constancia de su existencia hacia la mitad del siglo VI antes de Cristo, y en cuya doctrina, se hallaba desde el principio, instalada la idea de la reencarnación, ya que por ésta afirmaban que, todo cuanto existe en el mundo está en una continua evolución. Buscaban la perfección del alma a través de un conocimiento y una conducta intachables, sometiéndose para ello a unas duras exigencias rituales, a fin de limpiarse de lo negativo que les pudiera aportar cada acto que realizaban, purificándose a base de baños y largos rezos.

antonio170Los jainas respetaban sobre todo la vida ajena, no sólo la de los seres humanos, sino la de todo insecto o animal; siendo, por lo tanto, su alimentación completamente vegetariana. Al igual que en el hinduismo, su creencia en la reencarnación de la parte espiritual de todos los seres vivos, abarcaba a humanos y animales; o sea, que aceptaban la metempsicosis.

En su día a día, estos solían apartarse de la vida cotidiana por no incurrir en nada que incrementase su karma, y tras una larga lista de renuncias, en su extremismo, eran capaces, por alcanzar más prontamente la espiritualidad, de dejarse morir por mantener un ayuno absoluto. Pues su meta era alcanzar la llamada Cúpula del mundo, donde según ellos ya residían las almas que son perfectas.

Aparte de las referencias que he comentado en capítulos anteriores sobre el Antiguo Testamento, veremos también otras pequeñas pinceladas sacadas de las obras más emblemáticas y respetadas que tienen los judíos, como son el Zohar y el Talmud.

El Zohar, es una obra tan importante, que es considerada por los judíos como un dogma de suma autoridad. En II, 199 b., se lee: “Toda alma está sujeta a las evoluciones. Los seres humanos ignoran la manera en que se les juzgó cada vez”. Esto significa que durante sus evoluciones se pierde por completo la noción sobre las acciones por las que fueron juzgados.

“Si el alma es pura, obtendrá el favor (…) pero si ha sido contaminada, deberá peregrinar por un tiempo en el dolor y en la desesperación (…) hasta el día de su purificación”. Cabría preguntarse: si como dicen, el alma es pura y proviene directamente de Dios, ¿cómo puede ser contaminada? ¿Dónde debe de espiar sus culpas si no es en este mundo hasta que se purifique? Según explican los rabinos, el alma descendía en sus peregrinaciones desde el paraíso a través de muchas evoluciones o nacimientos, hasta que reconquistaran la pureza.

En el Talmud también se puede comprobar que la reencarnación aparece muy a menudo en sus páginas, bajo el  nombre de Din Gilgol Neshomes, que significa “el juicio de las evoluciones de las almas”.

Manassa, uno de los rabinos más tenidos en cuenta y respetados de Israel, en su libro Nishmath Hayem, se puede encontrar el siguiente comentario: “La creencia, o la doctrina de la transmigración de las almas, es un dogma establecido e infalible que el conjunto de nuestra iglesia acepta unánimemente, por lo tanto no existe nadie que ose negarlo (…). En realidad, en Israel hay muchos sabios que siguen firmemente ésta doctrina, convirtiéndola entonces en un dogma, un punto fundamental de nuestra religión. Desde luego, es nuestro deber obedecer y aceptar este dogma con aclamación (…) en cuanto al Zohar y todo libro cabalístico, han inequívocamente demostrado que es verdadera”.

Conforme vamos avanzando y ampliando el conocimiento sobre la reencarnación, cuya aceptación considero vital para todo ser humano, comprobamos que en sí la idea no es tan descabellada, como aún sostienen y pretenden algunos teólogos recalcitrantes, sino que es una auténtica llamada a la esperanza, donde cada ser humano descubre que tras el dolor de la equivocación, existe una oportunidad, o varias, según el caso, de saldarla.

Hasta una nueva entrega os deseo  paz y amor.

                                                  Antonio Hernández Lozano