Fernando Teruel Molina «el Moli» recibe el reconocimiento de Huertano del Año 2026 en Las Torres de Cotillas

La agricultura y la industria conservera han constituido, históricamente, el motor económico y social de Las Torres de Cotillas. Como muestra de agradecimiento a los hombres y mujeres que han dedicado su existencia al campo, este año, la Asociación Literaria Las Torres ha otorgado el prestigioso galardón de Huertano del Año 2026 a Fernando Teruel Molina, conocido entrañablemente por «el Moli». En una emotiva entrevista en Onda 92 Multimedia, el homenajeado ha repasado los pasajes más significativos de su trayectoria vital y laboral.

«el Moli», nacido y criado en las tradicionales calles de «la rana» (calle Santa Teresa), ha recordado con gran afecto la profunda unión vecinal de su infancia, cuando los habitantes de la zona solían salir a tomar el fresco en la vía pública.

Del capazo de esparto en Las Torres a los astilleros de Rotterdam

El idilio de Fernando con la huerta comenzó a una edad muy temprana. Según ha relatado, trabajó por primera vez con apenas 10 o 11 años, cuando su padre lo dejaba en zonas pedregosas para retirar piedras con un capazo de esparto mientras él realizaba otras labores. En aquella época, la alternativa a los estudios era, de forma casi inevitable, el trabajo de la tierra, una ayuda indispensable para el sustento de la economía familiar. Su familia cultivaba unas 12 tahúllas de melocotoneros en el paraje del soto de los Carambas (La Loma), un cultivo que el propio Fernando ha calificado como sumamente exigente por las plagas y los constantes cuidados que requería a lo largo de todo el año.

A pesar de su amor por la agricultura, la necesidad de construir una vivienda propia impulsó a «el Moli» a buscar horizontes fuera de España. Así, en enero de 1970, emigró a los Países Bajos, instalándose en Rotterdam. Allí trabajó durante casi cinco años en un matadero de aves y en fundiciones de gran dureza, un infierno de calor del que regresaba cada año para disfrutar de sus vacaciones en su pueblo natal. A su vuelta definitiva, continuó diversificando su actividad laboral trabajando en fábricas de envases metálicos como Sánchez Rex, en Linasa y en estaciones de servicio, compaginando estas tareas, en la medida de lo posible, con el cuidado de la huerta.

Un pionero de la conectividad rural y la evolución del campo

Entre las anécdotas más simpáticas que ha dejado la entrevista, «el Moli» ha rememorado la historia de su célebre teléfono de rueda, el cual llevaba en su motocicleta Mobilette durante la década de los 70 y 80. Ha provocado el asombro —y algún que otro despiste automovilístico— de los vecinos que lo veían circular simulando una llamada directa con Moscú, convirtiéndose de este modo en un auténtico precursor de la telefonía móvil en la localidad.

Finalmente, el nuevo Huertano del Año ha reflexionado con cierta nostalgia sobre el panorama actual de la huerta torreña. Ha lamentado que el encarecimiento de los costes y el desinterés de las nuevas generaciones hayan transformado un entorno que antes desbordaba vida y limpieza en todas sus parcelas. A pesar de que ha confesado que ya baja poco a la huerta por motivos de edad, Fernando Teruel Molina ha dejado claro que la pasión no ha desaparecido, pues todavía prefiere pasar el tiempo podando o escardando con su garrota antes que quedarse encerrado en casa. El merecido reconocimiento del próximo viernes ha venido a hacer justicia a una vida de sudor, sencillez y orgullo huertano.

Este artículo ha sido generado con la asistencia de una herramienta de Inteligencia Artificial utilizando la información proporcionada en la entrevista.

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