De catástrofe naval a éxito museístico: La increíble historia del Vasa llega a «Relatos en la onda»

El popular espacio radiofónico «Relatos en la onda», conducido por Isabel Montero junto a Mariano Guerrero y Lola Mateo, ha dedicado su última entrega a desgranar una de las paradojas más fascinantes de la historia marítima europea: la accidentada vida —y posterior resurgimiento— del buque sueco Vasa.

La temática, sugerida por Lola Mateo, ha servido como un perfecto ejemplo de cómo un fracaso estrepitoso puede transformarse, con el paso de los siglos, en un éxito sin precedentes.

Un hundimiento por «exceso de orgullo»

La historia nos traslada al año 1626, cuando el rey Gustavo II Adolfo de Suecia ordenó la construcción de un navío espectacular con el único objetivo de exhibir su poderío ante el resto de las naciones. El Vasa era una mole imponente de 1.200 toneladas, tres mástiles y 64 cañones de bronce. Sin embargo, el orgullo del monarca superó los límites de la física de la época.

El 10 de agosto de 1628, bajo las órdenes del comandante Sofrin Hanson, el buque desplegó sus velas para su viaje inaugural. La travesía duró un suspiro: tras recorrer escasos 1.500 metros, una ráfaga de viento escoró la nave, provocando que el agua entrara a raudales por las troneras de los cañones. El Vasa se hundió a 32 metros de profundidad en el propio puerto de Estocolmo, cobrándose la vida de unas 30 personas. El desastre se debió a nefastos errores de cálculo y a un severo exceso de peso sobre la línea de flotación para intentar meter más artillería.

El milagro de la conservación

Tras varios intentos históricos donde solo se pudieron rescatar 50 de los cañones utilizando campanas de buceo, el verdadero milagro comenzó en la década de 1950 gracias al técnico marino Anders Frantsen. Frantsen descubrió que las gélidas aguas y la baja salinidad del mar Báltico habían protegido la madera de roble negro del ataque de los moluscos xilófagos.

El Vasa volvió a ver la luz del sol el 24 de abril de 1961. No obstante, sacarlo a la superficie supuso un nuevo desafío científico. Para evitar que la madera se contrajera y se destruyera al secarse, el casco tuvo que ser pulverizado durante 17 años (entre 1962 y 1979) con polietilenglicol (PEG), una cera sintética que sustituyó el agua acumulada en la estructura. Incluso en el año 2000 se tuvo que combatir una crisis química interna, ya que los pernos originales de hierro generaron dos toneladas de ácido sulfúrico dentro de la madera.

De la posteridad al éxito empresarial

A pesar de todos los contratiempos, hoy el problema está bajo control. El Vasa se ha convertido en una joya museística inigualable, ya que conserva el 98% de sus piezas originales y alberga más de 25.000 objetos recuperados.

Durante la tertulia, Lola Mateo ha destacado que el caso del Vasa es tan icónico que actualmente se estudia en multitud de cursos empresariales para ilustrar cómo gestionar el fracaso y la incertidumbre en la vida, trazando paralelismos con otros monumentos que nacieron con polémica o rechazo, como la mismísima Torre Eiffel de París. Hoy en día, el museo del Vasa se corona con orgullo como el monumento más visitado de toda Suecia.

Este artículo ha sido generado con la asistencia de una herramienta de Inteligencia Artificial utilizando la información proporcionada en el programa.

Logo digitalizadores 1024x119 1
Logo digitalizadores 1024x119 1