Marina Vega: La joven cántabra que burló al nazismo desde la resistencia

En «Relatos en la onda», Isabel Montero ha rescatado del olvido la fascinante vida de Marina Vega, una figura clave de la historia europea reciente y, según se destacó en la emisión, la primera y única mujer española que ejerció como espía para la Resistencia Francesa durante la Segunda Guerra Mundial.


Una infancia marcada por la guerra

Nacida en el seno de una familia republicana en 1923, la vida de Marina dio un vuelco drástico con el estallido de la Guerra Civil. Siendo apenas una niña de 13 años, sufrió la detención de su padre, director de prisiones de la Segunda República, y el encierro voluntario de su madre para evitar ser capturada. Ante esta situación, fue enviada a Francia con una familia amiga, donde años más tarde comenzaría su labor de inteligencia.

La espía adolescente: Elegancia y cianuro

Lo que más ha sorprendido a Lola Mateo y Mariano Guerrero, fue la temprana edad a la que Marina inició sus actividades: con solo 16 años ya operaba como correo para la red de resistencia.

Para cumplir sus misiones, Marina seguía consignas estrictas para no levantar sospechas entre la policía y las fuerzas de ocupación nazis:

  • Imagen sofisticada: Se maquillaba para parecer mayor y vestía de forma elegante para simular un estatus social alto.
  • Viajes en primera clase: Al aparentar pertenecer a la alta sociedad, viajaba en los vagones de primera de los trenes, los cuales rara vez eran revisados por las autoridades.
  • Seguridad extrema: Siempre portaba dos pistolas —que nunca llegó a disparar— y una pastilla de cianuro en el bolso por si era capturada por los nazis.

Su labor principal consistía en transportar documentación y armamento, además de ayudar a personas a cruzar la frontera para escapar de la Francia ocupada.


El código del silencio y el legado

Isabel Montero ha detallado algunas de las «manías» que Marina conservó de su época en el espionaje, como no sentarse nunca de espaldas a una puerta o alojarse siempre en la primera planta de los hoteles para facilitar una huida rápida. Además, Montero ha comentado una frase que definía su ética profesional:

«Las espías hablan poco, pero no mienten; como mucho, omiten».

Tras ser descubierta en España, se instaló en París, donde continuó su labor buscando rastro de colaboradores nazis en la prensa española. Por su valentía y defensa de la libertad, recibió condecoraciones como la Legión de Honor francesa y el reconocimiento del Parlamento Europeo.

Marina Vega falleció en 2011, dejando tras de sí una historia de coraje que hoy puede profundizarse en el libro Marina Vega, la espía española de la resistencia, de María José Villarroya Durá.

*Este artículo ha sido generado con la asistencia de una herramienta de Inteligencia Artificial utilizando la información proporcionada en el programa.

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