La Florida, un barrio que se ha desarrollado al amparo de una fábrica de conservas

Bajo los auspicios del mallorquín Lorenzo Vicens Villalonga, abría una fábrica de conservas Gaspar Vicens y Pons. Lo hacía en el barrio de Alguazas, en torno a 1916, junto a la almazara de la familia Serna. En 1919, con el fin de ampliar el negocio, cruza el Río Mula y se instala en terrenos baldíos del extrarradio de Las Torres de Cotillas, si bien la licencia oficial la conseguirá en mayo de 1924.

Gaspar Vicens Marqués fue el último propietario conservero de la fábrica «La Florida», que patrocinaría su bisabuelo, Lorenzo Vicens Villalonga, aunque su fundación correspondería a su abuelo Gaspar Vicens y Pons y cuya dirección continuaría su padre Lorenzo Vicens Roselló; y que mantendría funcionando hasta su cierre el propio Gaspar Vicens Marqués.

La fábrica de La Florida, en 1920, tenía una superficie de 70 por 24 metros cubiertos, en cuatro naves de 6 metros. Su techo se fabricó con tejas y formas traídas de La Unión, procedentes de un almacén recién cerrado por la crisis de la minería. En 1935, se construyó una nave anexa de 8 por 50 metros para dedicarla a almacén. En 1960, se derribó la nave de 24 por 70 metros y se construyeron dos de 70 por 12 metros con una jácena en medio, convirtiéndose en dos naves adyacentes. Los terrenos que se disponían superaban los 3.000 m2.

En la primera época de Alguazas, principalmente se fabricó pulpa de albaricoque y tomate que se envasaban en botes de metal. Después de la Guerra Civil, debido a la falta de metal para envasar estos productos, se utilizaron barricas o barriles de madera procedente de Águilas, ceñidas por aros forjados. Se fabricaban en Alcantarilla para todo el sector conservero por el Sr. Cantón en su fragua y carpintería ubicada en la Ctra. de Lorca. Con la vuelta a la normalidad, se llegó a envasar, en botes de metal, además de los mencionados, casi todo tipo de conserva: melocotón, guisantes, alcachofa, mermeladas, confituras, etc.

Los productos se exportaban a Francia, Bélgica, Alemania e Inglaterra. Concretamente París y distintos puntos distintos de Bélgica recibían el 95% de pulpa de albaricoque y medios frutos enteros para las tartas de frutas. El transporte se realizaba principalmente por vía marítima con embarque en el Puerto de Cartagena. Los primeros tiempos fueron muy duros, eran expediciones de dos carros, tirados por una reata de seis o siete bestias. A la llegada al Puerto de la Cadena, tal era el peso de cada carro que, para subir las cuestas, se le enganchaban la totalidad de las bestias y cuando subían el primero, bajaban con los doce o catorce animales para subir el siguiente carro. Después de la Guerra Civil se utilizarían camiones, y por supuesto, también se realizó por ferrocarril.

Fuente y fotos: Revista Cangilón nº 14 (septiembre 1997)

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