Un Día en Urgencias

Aunque una ya tiene una edad y muchas experiencias de este tipo acumuladas, que ya carga en su mochila, para bien o para mal... No hay nada como pasar un día “diferente” en un lugar, llamémosle “inhóspito” en el que la salud brilla por su ausencia, en el que el paisaje te devuelve una aplastante realidad, una valiosa información, que por dura… a veces se nos olvida.
Hoy he tenido tiempo de mirar, de ver, de observar, de sentir… Han sido varias horas que han dado mucho de sí.
He visto cómo una persona en el atardecer de su vida, se aferra con toda su fuerza, la mucha o la poca, que da casi un siglo de existencia, al brazo de su hija, de esa que un día fue niña y para caminar, agarró la mano segura del padre. He visto a esa hija acariciando la cabeza de ese padre, se podía palpar la ternura, se respiraba la paz y la tranquilidad por la sola presencia del otro, no hacía falta palabras para decirse mutuamente, Él a ella-No te vayas de mi lado, quédate conmigo. Ella a Él- Todo va a estar bien, estoy aquí-
He observado cómo se cuidan y se miman, un hombre y una mujer, a los que presupongo muchos años juntos de compartir, penas, alegrías, comida, techo y tantas otras vivencias…
He visto una pareja de jóvenes, él alto, guapo, cuerpo atleta, musculoso, ella guapa, pelo largo, negro, alta, luciendo tipo con una delgadez extrema, enganchada a un gotero y sufriendo por algún dolor indefinido, ambos en una situación que probablemente no imaginaban, lejos de una apacible conversación en un lugar mucho más agradable… Pero viviendo una experiencia que quedará en su retina, en la de ella por sentir el apoyo, la compañía en los momentos difíciles, en la de él por sentirse útil, por acompañar, por ofrecer su hombro y todo su apoyo.
He podido conversar con un simpático señor octogenario, acompañado por la esposa de su hijo, a la que él llama “hija”, (no le gusta el término nuera que para él es “no-era”…) Ella le cuida, le respeta, confiesa el señor que también le “aguanta” sus manías, sus cosas… y por esto dice de ella que se tiene ganado el cielo… Él no para de hablar, aun así aprecia el silencio de mi madre, a la que, aunque pregunta en repetidas ocasiones, no consigue arrancar una respuesta más allá de un sí o un no.
En fin, ha sido una tarde productiva en cuanto a reflexiones se refiere, pensamientos, aprendizajes, de volver a las raíces, de considerar lo que verdaderamente importa, que desde luego nada tiene que ver con el dinero, las posesiones, el trabajo o la fama, aquí se respira otro tipo de aire, aquí se ve a las personas como son, vulnerables, valientes, frágiles, energéticas, asustadas, amables, irritables, cariñosas, aquí se ve la esencia…
Bueno afortunadamente hoy ha habido suerte y nos vamos a casa, como hemos venido, pero con una vivencia más en nuestro haber, refrescando esos sentimientos que son los que de verdad importan.
Una reflexión final o consejo, regala tu tiempo y compañía a esos seres queridos, familia o amigos que te acompañarían cuando se acaba la fiesta, cuando se apagan las luces.

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Mª Dolores Mateo

Diplomada en Relaciones Laborales.

Master en Planificación, Desarrollo Local y Empleo y Coach.

1 comentario

  • Rosa María
    Rosa María Sábado, 13 Agosto 2016 00:24 Enlace al Comentario

    Lola, preciosa reflexión. Sin duda una sala de Urgencias es un buen lugar para reconocer que la salud no es un derecho sino un regalo, para valorar las relaciones humanas y percibir aquellos detalles que pasan desapercibidos en el estrés de la vida!

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