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Misterios Desvelados: La Reencarnación VIII

Continuamos nuestro viaje, retomando de nuevo la ruta trazada. ¿Podríamos hablar de un budismo específicamente tibetano? Sí, pues sin duda es distinto al practicado en Sri Lanka, China o Japón, de ahí que se emplee a veces, en vez de budismo, la palabra lamaísmo. Para los tibetanos, el momento clave de la vida para el que se preparan, es el instante mismo de la muerte, ya que piensan que es la última oportunidad para realizarse espiritualmente y despertar. Dicho de otra manera, el verdadero objeto de la vida es alcanzar una buena muerte. Para lo cual se apoyan en las enseñanzas del Bardo Thôdol, texto procedente de la India y que fue, según cuenta la tradición, escrito por el sabio Padma Sambhava, alrededor del siglo VII de nuestra era.

Bardo Thôdol o Libro tibetano de los muertos, es el libro cuya lectura o audición libera del Bardo. Con éste término antonio104designan los tibetanos el estado intermedio, por el que pasa la esencia vital de cada individuo, entre el instante de la muerte que dura 49 días, y la próxima encarnación. Según Alexandra David-Neel, si este aliento vital, en vez de salir por la cúspide del cráneo, lo hace por otros orificios distintos –boca o ano-, la siguiente reencarnación será mala. Para evitarlo el Bardo aconseja: “Conserva firmemente a tu espíritu lúcido... Rechazando cualquier conciencia en un “ego”, cualquier ligazón a tu ilusoria personalidad, disuelve tu no-ser en el Ser y queda liberado”.

Del libro tibetano de los muertos, se hicieron varias versiones que cada secta creada en el Tíbet adaptó a sus ritos, pero siempre sobre la base del budismo, siendo imprescindible su lectura a la hora de la muerte, ya que hay que indicarle al moribundo cuanto es menester, para lo que les espera inmediatamente tras la muerte física.

Todos los seres sin excepción están sometidos a la muerte y a la Reencarnación, teniendo ésta unas características especiales en la clase social de los lamas, pues cuando estos están plenamente realizados pueden, según los propios tibetanos, elegir las circunstancias de su próxima encarnación, incluso el lugar exacto donde ha de efectuarse. También tienen la posibilidad de reencarnar sus cuerpos sutiles en dos o tres cuerpos. Por ejemplo, el espíritu o principio vital en un cuerpo, el alma en otro, y la palabra en un tercero. Éste caso queda bien reflejado en la conocida y famosa película de Bernardo Bertolucci (1993), Pequeño Buda.

En el caso de que la muerte les sorprenda sin acabar la misión encomendada en la presente vida, habrán de completarla en la inmediata, de ahí la importante labor de ciertos monjes –Karmapas- en buscar y descubrir a la presunta criatura en la que el lama ha encarnado, para devolverla a su monasterio, educarla y hacer que recupere la personalidad que perdió con la muerte. Estos casos concretos a los cuales se les llama Tulkus, (Budas vivientes), al contrario de como expuse anteriormente, encarnan en su totalidad en un sólo cuerpo, del que se valdrán para acabar la misión cifrada como meta.

El budismo tibetano, cada día más conocido y popular, ha traspasado las fronteras occidentales, encontrando muchos adeptos a través de los múltiples viajes de su Santidad el Decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso, jefe de estado temporal y líder espiritual del pueblo tibetano, premio Nobel de la Paz, entre tales adeptos se encuentran actores famosos, como Richard Gere que ha abrazado su doctrina haciéndose promotor de las visitas del líder budista a Estados Unidos. También por libros como: Siete años en el Tíbet,  donde su autor Heinrich Harrer, miembro de las SS durante la segunda Guerra Mundial, cuenta su estancia durante ese periodo de tiempo en el llamado “techo del mundo”, así como la amistad y relación, con el Dalai Lama actual durante su juventud. La historia fue llevada al cine en 1997, por el director Jean Jacques Annaud, con notable éxito.

Sin olvidar el caso del niño español nacido en Granada, cuya infancia transcurrió en Bubión en las Alpujarras granadinas y que en su día, hizo correr verdaderos ríos de tinta, al ser descubierto como la reencarnación del alto lama llamado Thubten Yeshe, quien antes de dejar su existencia en los Ángeles -Estados Unidos- en 1984, declaró que se volvería a encarnar en un lugar del sur de España. Osel Hita Torres “Luz Clara” en tibetano-, reconocido por el Dalai Lama como tal, fue instaurado como abad del templo que erigiera en su anterior encarnación, viviendo desde los seis años en el monasterio de Sera en el sur de la India.

Todos los seres humanos, absolutamente todos, tienen su oportunidad; pues si hay algo que de verdad los iguala, además del nacimiento y la muerte, es el estar regidos por unas leyes extraordinarias bajo las cuales Dios dispuso el progreso evolutivo de toda su creación.

Paz y amor para todos, hasta el próximo encuentro.

 

Antonio Hernández Lozano

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