Resiliente...Mi Padre

Hoy 19 de marzo, día del padre, quiero hacer un reconocimiento público dedicándole unas palabras a mi progenitor, Paco “Rufino” o “el tío del puro”  por su lucha, fortaleza, entereza, optimismo, positividad…por su Resiliencia.

Mi Padre, sin conocer ese término, ni ningún otro que se le pueda parecer… Es todo un ejemplo de “Persona Resiliente”, ejemplo de “Actitud Positiva”, ejemplo de “Fortaleza”, aunque sería más correcto decir “era” ya que falleció el 20 de julio de 2014…tras casi 8 años de vivir bajo el yugo de una enfermedad a la que se enfrentó con una valentía encomiable.

A mi padre se le diagnosticó un Cáncer,  en “Estadio IV”, (para quien no esté familiarizado con este término, sólo decir que es, en el que más órganos afectados hay) y la esperanza de vida “otorgada” por los médicos en ese momento fue 1 MES DE VIDA, siendo finales de Noviembre cuando nos dieron el diagnóstico ya nos veíamos yendo de entierro justo en mitad de Navidad,  más los médicos no sabían de qué naturaleza estaba hecho mi padre, no contaban con sus ganas de vivir, con su fortaleza física y mental…Contra todo pronóstico y tras un tratamiento que duró 6 meses, se “recuperó”, entre tanto tuvo que ser hospitalizado en distintas ocasiones, El solía decir- Voy a tener que comprar un piso por aquí, enfrente del hospital… de todas formas, paso más tiempo aquí, que en casa- y se reía..

Por “suerte” por aquel entonces mi padre ya estaba prácticamente sordo y se enteraba de poco o de nada, creo que simplemente decidió no escuchar todo aquello que no le interesaba, cuando íbamos al oncólogo, al salir, nos preguntaba-¿qué ha dicho el médico?- y nosotros le respondíamos, “todo está bien”… A veces él nos decía- Todas las pruebas están bien, el único que no está bien soy yo… y se reia. Se conformaba con eso, ya se sabe que nadie tiene más probabilidades de caer en un engaño que aquel para quien la mentira se ajusta a sus deseos… o la naturaleza obra con sabiduría para paliar de algún modo los efectos devastadores de ciertas circunstancias.

A lo largo de los siguientes años, hubo momentos buenos pero también, repetidas recaídas y en cada una de ellas, los médicos decían, “de esta ya no sale”, las toxicidades de la quimio, las sobrepasó en un 200%... no se ha conocido a nadie al que le haya sido administrada más quimio… El 50% de los pacientes mueren a los dos años y el 100% no llega a los cinco… Mi padre sobrevivió siete años y medio

 Adelgazó más de treinta kilos, que recuperó en las épocas  de bonanza y volvió a perder en las recaidas…

Un día en una de las múltiples ocasiones en las que tenía que ir a consulta médica en el hospital, se le paró el corazón, literalmente hablando, como dio la casualidad de que estaba justo entrando en la consulta, la atención médica fue inmediata, se lo bajaron a urgencias, de ahí lo llevaron al quirófano, le pusieron un marcapasos  provisional en el muslo por la urgencia (días después se lo pondrían en su sitio correspondiente, junto al corazón)  y del quirófano lo metieron en la UCI, pasadas unas horas, nos dejaron entrar a verle y lo primero que nos dijo fue: “He tenido un PERCANCE esta mañana y por poco me muero, pero ya está, ya estoy bien, lo que no sé es si todavía me darán de comer… como se ha hecho un poco tarde… y se reía ( ¡Por Dios, si llevaba cables hasta en el carnet de identidad..!!!)  Después de este suceso todavía vivió un año más.

El y su afición por la comida… pensaba que cualquier problema, fuese de la naturaleza que fuese, se solucionaba con la comida, quizás porque con 6 años se quedó huérfano de padre, justo al terminar la guerra civil, y ya se vio con la responsabilidad de tener que contribuir con su trabajo a la alimentación de su casa, su madre y sus hermanos, probablemente pasó por mucha escasez en esa época y le marcó tanto, que para Él estando satisfecha la necesidad de comer, lo demás carecía de importancia…

Para Él era el motor de su vida, salir a comprar  era su mayor afición, aunque a veces le veías totalmente abatido, eran los días en los que se quedaba en casa, sin salir, sentado en su sillón, pocas veces se quejó del dolor o del malestar, aguantaba estoicamente  como podía y en cuanto recuperaba un poco de fuerza, salía a realizar aquello que más le gustaba “COMPRAR COMIDA” no para él, que también, se dio el gusto de comer lo que le vino en gana, mientras pudo… sino para los demás, él quería ver siempre la casa llena de comida “por si venía alguien” y si no, el mismo llamaba para que fuésemos a comer o a cenar…

Le conocían en todos los mercados, supermercados, carnicerías, pescaderías, en cuanto aparecía por la puerta, le atendían de inmediato, no sólo al final porque sabían que estaba enfermo, sino porque compraba en “cantidades industriales”, Él no se conformaba con ir a comprar, por poner un ejemplo, un muslo de pollo, no Él se llevaba 3 ó 4 pollos, luego ya vería cómo los repartía…. O iba a comprar patatas y no se conformaba con comprar una bolsa o una caja, no él compraba por lo menos 7 cajas.

Tampoco se conformaba en ir a comprar a cualquier sitio, conocía perfectamente toda la fruta, la verdura, en definitiva, todos los productos alimenticios que quería, por lo que a la hora de comprar no le dolían prendas tener que desplazarse, que por otro lado le encantaba, para ir a comprar.

El arroz de Calasparra, el vino de Jumilla, el aceite de Pozo Alcón…

Cuando llegaba Navidad, se incrementaba su actividad de comprar, preparaba sus particulares “cestas de Navidad” para un montón de gente, familia, amigos, conocidos, todos recibíamos y además disfrutaba haciendo tradicionales matanzas, en una ocasión, por circunstancias no pudimos hacerla nosotros y Él se fue al Hogar del Pensionista, regaló el cerdo y todas las personas que por allí pasaron ese día fueron invitadas a comer… En la última matanza que hizo, no se conformó con un cerdo, cuando fue a por él dijo; Echa dos cerdos… A ver si va a faltar… pero ese día, el menú, no sólo era el cerdo, sino que compraba mucho más, para acompañar con todo tipo de entrantes y luego postres… y claro había que comérselo todo, por lo que invitaba a mucha gente…y teníamos para comer, para cenar y sobraba de todo para repartir al día siguiente…

Cuando alguien iba de visita a casa, inmediatamente quedaba invitado y obligatoriamente tenía que comer, si era mediodía, que merendar o que cenar, imposible salir de allí, si no era con el estómago lleno.

La Felicidad para Él era ofrecer y regalar comida, no he conocido, ni creo que llegue a conocer a alguien más generoso que Él, estoy absolutamente convencida de que su pretensión, mucho más que alimentar el cuerpo, iba mucho más allá, era su forma de ALIMENTAR EL ALMA.

¡Todo un personaje mi padre!!! Nos quedamos con lo bueno, tu positividad, tu valentía, tu energía, tu fortaleza, tu generosidad, todo un ejemplo a seguir. Te recordaremos siempre.

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Mª Dolores Mateo

Diplomada en Relaciones Laborales.

Master en Planificación, Desarrollo Local y Empleo y Coach.

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