“Alguien se acordará de nosotras en el futuro”

(Safo, primera poetisa occidental conocida.

 Grecia, 650-680 a.C.)

MI MADRE

Quiso nacer con la llegada del nuevo año, 1 de enero de 1939, de nombre “Paquita”, igual que su abuela materna, como correspondía, llegaba a este mundo a acompañar a su madre, Dolores y a su hermana, Agustina, conformando un hogar familiar poco frecuente para la época, la madre y las dos hijas, su padre Onofre se fue a luchar al frente, por decisión ajena, casi al final de la guerra civil, no tuvo la oportunidad de conocerla, no tuvo la oportunidad de conocerle, del padre nada más se sabría, sólo que lo habían visto caer en la batalla del….. nunca más se supo, ni siquiera en qué lugar físico, descansa eternamente…

Nació y creció en contacto directo con la naturaleza, rodeada de flores, los geranios daban la bienvenida a su humilde casa que se hallaba emplazada en medio de la huerta, niña sumisa, tímida y a la vez intrépida, desarrolló multitud de habilidades manuales, su educación pasaba por aprender todo lo que una “mujer de su casa” debía saber, tal como se estilaba en la época, aprendió a limpiar, lavar, planchar,  cocinar,  remendar, hilvanar, coser, bordar a mano y a máquina, se bordó su propio ajuar, hacía bolillos subida en la rama de una higuera, el molde y el ganchillo no tenían secretos para ella. Tuvo la oportunidad de poder ir a la escuela, allí mismo, en el corazón de la huerta, en “La Loma” donde sólo había una clase, con niños de todas las edades, entonces no había libros de texto, el material escolar era precario o inexistente, ni siquiera los famosos “Cuadernos Rubio” habían hecho aún su aparición, tardarían todavía una década en conocerse, los primeros ejemplares salieron al mercado en 1956…

Fue creciendo muy delgada, “flacucha” que se decía antaño, unos familiares suyos que vivían en Madrid, gente de posibles y que no tenían descendencia quisieron llevársela con ellos, no se sabía muy bien si para hacer las veces de “hija” o de “criada”, más su madre, pobre, económicamente hablando, pero rica en dignidad y amor, a pesar de la escasez y de las dificultades para salir adelante, no consintió separarse de Ella procurando cubrir todas las necesidades.

 Ya en la adolescencia, apenas tuvo la edad, empezó a trabajar en las fábricas de conservas, un año, a principios de verano, cuando los albaricoques maduraban y faltando poco para su recolección, se acercó hasta allí un muchacho, recién licenciado del servicio militar, corredor de frutas, a comprar la cosecha para la fábrica de conservas, respondía al nombre de Paco “Rufino”, así se conocieron, en la huerta con los albaricoqueros de testigo y el sol calentando no sólo el ambiente sino también un par de corazones cuyos latidos comenzaron a latir distinto y empezaron un noviazgo que concluiría años después frente   al altar, con la llegada de la primavera, la tarde del sábado 21 de Marzo de 1964 …

 Vestida de blanco y con el corazón repleto de ilusión, montó en el taxi del “Chicharras” único coche que entonces había en el pueblo, llegó a la iglesia, donde la esperaban amigos y familiares, más no la acompañó su madre, mujer chapada a la antigua, siempre vestida de luto y con el delantal puesto, decidió  esperar en  casa que volvieran los recién casados y allí mismo en el comedor de la casa, se hizo una pequeña celebración con una treintena de personas, entre amigos y familia, “el combite” consistió en unos chatos de vino, unas cervezas y algunos frutos secos, quicos y patatas fritas...

Fueron muy afortunados de poder tener casa propia emplazada en el pueblo y la noche de bodas allí  la pasaron, muy felices y dichosos,  aunque la despensa estuviese vacía… poco  a poco, se fue convirtiendo en un hogar, el jardín se fue llenando de macetas en las que flores de todos los tamaños y colores crecían por doquier, los hijos no tardaron en llegar, sin apenas pretenderlo, conformó una familia numerosa, la mayor nació en el hospital, fue una bonita niña a la que le pusieron el nombre de la abuela paterna, como correspondía, Ana María, nació sana, de naturaleza fuerte, jamás se enfermó, no así los que vendrían después, el segundo, “El Nene” nació en casa como era lo habitual en la época, cogió una pulmonía a los dos meses, que por poco le cuesta la vida.. de la que se recuperó en varios meses y a los trece meses del segundo llegó la tercera, YO, con frágil salud, siempre vomitando, cogí tal flojedad, que con tres años ya llevaba gafas, las visitas al oftalmólogo en Murcia eran frecuentes, siempre íbamos y volvíamos en el autobús, como me echaban gotas para dilatarme la pupila, cuando salía de la consulta, pasaba varias horas sin ver prácticamente nada, pero recuerdo perfectamente que los continuos viajes a Murcia, eran deseados por todos los hermanos, ya que a la vuelta siempre veníamos cargadas con unos panecillos de Viena que hacían en una confitería cercana a la estación de autobuses, lo del médico era lo de menos, lo más importante era que podíamos comer esos panecillos dulces que estaban buenísimos, todavía puedo recordar su dulce olor y saborear su suave textura.

Para ir conmigo al médico, mi madre tenía que dejar a mis hermanos… que fueron viniendo espaciados en el tiempo, mi hermano Paco, tres años y mi Nati siete años después de mí, cuando ya no esperábamos que aumentase más la familia y con una diferencia de edad de 18 años con mi hermana mayor…, con 45 años que ya tenía mi madre y creída en que estaba entrando en el proceso de la menopausia, ésta se convirtió en una preciosa niña, mi hermana Alicia.

Debido  a su trabajo, mi padre pasaba largas temporadas fuera de casa, procurando el sustento para sacar adelante a la familia y mi madre se ocupaba de todo lo referente a la casa y los hijos, pendiente siempre de todos y cada uno de nosotros, polifacética como pocas, no paraba ni un segundo, limpiaba, planchaba, cocinaba, toda una “manitas” para los pequeños arreglos de la casa, las plantas fueron su gran pasión las regaba, abonaba y cuidaba con amor, tenía un exuberante jardín con multitud, variedad y diversidad de flores, aunque siempre había hueco para alguna más, un precioso jardín que era envidia de todos cuantos lo veían,   en “sus ratos libres”, se dedicaba a cosernos ropa, tejernos jerséis… Siempre recordaré las siestas del verano, comiendo cerezas, bordando a punto de cruz, vainica o cualquier otro… un trapo para el botijo, una bolsa para el pan, un trapo para la plancha, una mantelería, todo eso con el sonido de fondo de una radionovela, “Lucecita” que siempre fue mi preferida y después “Elena Francis” con sus consejos…  ni un ruido se oía mientras la escuchábamos atentamente todas las tardes.

La vida fue pasando, nos hicimos mayores, nos casamos y empezamos a aumentar la familia con una nueva generación, los nietos y mi madre siempre estuvo allí, para ayudar, para dar, para cuidar…Mientras pudo… La vida en su “¿inmensa sabiduría?” probablemente quiso devolverle una pequeña o gran porción, según se mire, de todos los cuidados que ella tan pacientemente ofreció a lo largo de toda su vida a todos los que la necesitaron… Estoy segura que hoy desde donde quiera que esté… sigue velando y cuidando de todos y cada uno de nosotros.

Mi madre era como una hormiguita trabajando sin descanso, sin prisa, pero sin pausa, su carácter se forjó tranquilo y paciente, de hecho, la palabra paciencia, se hizo virtud, personalizándose en Ella, jamás la escuché quejarse o enfadarse, ni una sola queja, nunca una crítica a nadie, sumisa con su marido, totalmente entregada a él y a nosotros incondicionalmente. Todo un ejemplo de trabajo, de humildad, su BONDAD es el legado que quiso dejarnos y perdura por siempre jamás en la mente de todas las personas que tuvimos la grandísima suerte de conocerla.

A ti mamá, Gracias por todo lo que me has dado.

Gracias por traerme al mundo, alimentarme, cuidarme y hacer de mí una persona de bien.

Gracias por tu bondad.

Gracias por lo que me enseñaste.

 Gracias por tu ejemplo, por tu humildad, paciencia, serenidad, constancia, perseverancia.

Gracias por ser, gracias por estar.

Gracias por hacerme comprender que el amor verdadero es ese que se entrega, de forma incondicional, sin esperar nada a cambio.

GRACIAS

TE QUIERO

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Mª Dolores Mateo

Diplomada en Relaciones Laborales.

Master en Planificación, Desarrollo Local y Empleo y Coach.

1 comentario

  • Raul
    Raul Domingo, 06 Mayo 2018 10:47 Enlace al Comentario

    Excelente artículo que representa muy bien el poder de una madre, de una mujer, de lo que hace que la vida continúe y por la que pudo haberse creado.
    Gracias.

    Raúl

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